El Padre Homero Rodriguez
¡Porque soy Católico!
Probablemente hayas notado en la misa, especialmente si asistes regularmente y conoces los diferentes componentes de ésta, la cantidad de veces que el sacerdote reza y desea a los fieles la Paz de Cristo. Vamos a echar un vistazo. En el rito de comunión, el sacerdote reza lo siguiente:
— “Líbranos, Señor, de todos los males, y concédenos la PAZ en nuestros días…”
— “Señor Jesucristo, que dijiste a tus apóstoles: la PAZ les dejo, mi PAZ les doy, no tomes en cuenta nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia, y conforme a tu palabra concédele la PAZ…”
— “La PAZ del Señor esté siempre con ustedes.”
— “Dense fraternalmente la señal de la PAZ.”
Incluso al final de la misa se nos anima a “ir en PAZ.”
Esto fue hecho a propósito. La Iglesia quiere enfatizar el hecho de que la verdadera paz solo puede venir de Cristo. “No se las doy como la da el mundo”, comenta Jesús (John 14:27).
Lo que ofrece el mundo es solo una ilusión de paz, un analgésico temporal. Creemos que entendemos la definición de paz, pero no es así.
Solo hay que mirar a aquellos que prometen llevar la paz a los lugares de guerra y conflicto mediante armamento, destrucción y muerte. Qué ironía. Eso no es la PAZ de Cristo, aunque invoquen Su Santo Nombre mientras lo hacen.
La violencia no tiene cabida en el ámbito de la paz. El Papa Francisco expresó esto abiertamente:
“… La guerra es una locura. Mientras que Dios lleva adelante la obra de la creación… La guerra destruye. También arruina la obra más hermosa de sus manos: los seres humanos. La guerra lo arruina todo, incluso los lazos entre hermanos. La guerra es irracional; su único plan es traer destrucción…”
“Si no tenemos paz”, dijo una vez la Madre Teresa, “es porque hemos olvidado que nos pertenecemos el uno al otro.”
El Papa León XIV nos ha recordado constantemente que la paz siempre comienza con nuestra disposición al diálogo, algo que algunas personas en posiciones de liderazgo y poder rechazan intencionadamente. Un verdadero amante de la paz está dispuesto a sentarse y a escuchar.
El signo de paz en la Santa Misa es un momento muy poderoso. A veces conocemos a la persona que está sentada a nuestro lado, y a veces no. Y ese es el punto. Es fácil desear la paz a quienes conocemos, amamos y a quienes nos importan. El desafío es estrechar la mano de personas que se ven diferentes, que piensan, hablan, rezan y dan culto de forma distinta a nosotros.
El nuevo mandamiento de Jesús de amarse mutuamente se hace realidad cuando dos desconocidos sentados en el mismo banco uno al lado del otro se desean la Paz de Cristo.
El Padre Homero se desempeña como vicario parroquial a tiempo parcial en la parroquia de St. Joseph en Jasper y en la parroquia de St. Mary en Huntingburg.
