Arzobispo Fulton Sheen: Apóstol del Siglo XX

Por el Obispo Joseph M. Siegel

El rincón del obispo

Con la beatificación del arzobispo Fulton J. Sheen el 24 de septiembre de 2026, la Iglesia ha reconocido la extraordinaria santidad de uno de los evangelizadores católicos más influyentes del siglo XX.

Nacido el 8 de mayo de 1895 en El Paso, Illinois, creció en el seno de una devota familia católica de origen irlandés en Peoria, Illinois. Desde temprana edad demostró una gran inteligencia. Tras su ordenación en 1919 como sacerdote de la Diócesis de Peoria, obtuvo títulos avanzados en Roma y en Lovaina, Bélgica. Impartió clases de filosofía en la Universidad Católica de América por más de veinte años, y sus conferencias, que gozaban de gran asistencia, se hicieron famosas por su claridad y profundidad.

La labor del padre Sheen como evangelizador católico llegó a la conciencia pública a través de la radio. En 1930, se convirtió en el principal orador de The Catholic Hour (La Hora Católica), un programa de radio semanal emitido por la NBC. En su apogeo, el programa llegó a alcanzar una audiencia estimada de cuatro millones de oyentes cada semana. Sheen utilizó esta plataforma para abordar la experiencia humana universal, tratando temas como la ansiedad, la libertad, el amor y el carácter, siempre fundamentando sus reflexiones en la verdad católica. Poseía una capacidad excepcional para hacer accesibles doctrinas teológicas complejas tanto al trabajador cotidiano como al intelectual y al no católico.

En 1951, hizo una audaz transición al nuevo medio de la televisión con su programa Life is Worth Living (La Vida Vale la Pena Vivirla). Su programa se convirtió en un éxito rotundo, llegando a atraer hasta treinta millones de espectadores semanales. En pantalla, monseñor (y más tarde obispo) Sheen proyectaba una presencia cautivadora. Vestido con su atuendo prelado completo, se presentaba ante el público en directo sin más recursos que una pizarra y su propio intelecto. Se negaba a utilizar guiones o teleapuntadores, confiando en cambio en una preparación rigurosa y en una profunda fe en el Espíritu Santo. 

Comprendía el medio televisivo. Utilizaba un contacto visual intenso, un ritmo narrativo dramático y el humor para cautivar a los espectadores. La pizarra —sobre la cual bromeaba diciendo que su ángel se la borraba— se convirtió en un recurso didáctico dinámico donde diagramaba conceptos filosóficos o realizaba ilustraciones sencillas.

En el corazón del éxito de monseñor Sheen se encontraba su profunda teología cristocéntrica. 

Para él, la evangelización no consistía en la promoción institucional ni en ganar debates políticos, sino en dar a conocer a la gente la persona de Jesucristo. 

Buscaba constantemente diagnosticar la enfermedad espiritual y las crisis de su cultura en el siglo XX. Afrontaba estas inquietudes de frente, presentando la Cruz y la Resurrección como las respuestas definitivas al sufrimiento humano.

Su evangelización era también profundamente eucarística. Monseñor Sheen había hecho un voto, al ordenarse, de dedicar una hora diaria a la adoración ante el Santísimo Sacramento. Atribuía todas sus ideas, su elocuencia y las historias de conversión a esta “Hora Santa” cotidiana. Esta práctica garantizaba que su ministerio público siempre brotara de su vida de oración privada, lo que otorgaría a sus elocuentes palabras un peso sobrenatural capaz de resonar con los oyentes.

Una de las mayores fortalezas de Sheen como evangelizador era que no pretendía hablar o escribir exclusivamente para los católicos. Su enfoque en la ley natural y en las experiencias humanas comunes creó un puente que le permitió guiar a oyentes de todas las fes hacia verdades sobrenaturales. Combinaba el conocimiento sociológico con la sabiduría espiritual, haciendo que la espiritualidad católica resultara atractiva para un mundo en busca de sentido.

Tras su retiro como obispo de Rochester, Nueva York, fue nombrado arzobispo titular (honorario) en reconocimiento a su labor evangelizadora. Poco antes de su muerte en 1979, el arzobispo Sheen conoció al Papa Juan Pablo II en la catedral de San Patricio de Nueva York. El Papa abrazó al anciano obispo y le dijo: “Has escrito y hablado bien del Señor Jesús. ¡Eres un hijo fiel de la Iglesia!”

Mucho ha cambiado en la sociedad y en los medios de comunicación desde la muerte del arzobispo Sheen, pero su método fundamental de evangelización sigue siendo el modelo de referencia. Enseñó a la Iglesia que los medios de comunicación “no son un enemigo al que temer, sino un púlpito que conquistar”. Demostró que, para evangelizar eficazmente, uno debe entender tanto las verdades atemporales de la fe como las cuestiones específicas de la cultura actual. Mientras los evangelizadores digitales católicos de hoy, como el obispo Robert Barron, siguen recorriendo el camino que Fulton Sheen abrió con un micrófono de radio y una tiza, cada uno de nosotros puede aprender de este nuevo beato sobre cómo evangelizar más eficazmente en el hogar, el trabajo, la escuela y el vecindario. 

Beato Fulton Sheen — ruega por nosotros.

— Translated by Dr. Daniela Abraham, St. Meinrad Seminary and School of Theology