Calling upon the gifts of the Spirit in challenging times – Invocando a los regalos del Espíritu en tiempos de desafíos

Editor's note: The Spanish translation of Bishop Siegel's commentary appears below the English version.

As our parishes prepare their people and their churches for the resumption of public Masses, I want to take the opportunity to express my admiration for your perseverance in faith during these past months. So much has been written about the impact of the coronavirus on so many levels and on every aspect of life that I don’t need to discuss that here. Yet, in the midst of these unprecedented and burdensome circumstances, I am grateful that so many have chosen to remain hopeful and to put their energy into their relationships with the Lord, their family and service to others.

In the tumult of these past weeks, I have found myself often calling upon the Holy Spirit and asking for a greater share of His seven-fold gifts to help me navigate these uncertain days. As we know, these Gifts are: Wisdom, Understanding, Counsel, Strength, Knowledge, Piety and Fear of the Lord. While we may possess these qualities or virtues on a natural level, the grace of God given to us in the sacraments, especially Confirmation, raises them to a higher level in order to view life from a supernatural point of view.

The gift of Wisdom helps us to see the world as God sees it and to interpret life as He does; not as a meaningless series of events, but with an eternal purpose. Knowing the proper ordering of the material and spiritual worlds through Wisdom, we can more easily make sense of the challenges and perplexities of this life.

Understanding allows us to grasp, at least in a limited way, the essential meaning of the truths of the Catholic faith that moves beyond simply assenting to what God has revealed. Understanding rises above natural reason as it lifts us beyond just the things we see in this world to our relationship with God and our role in the world.

Counsel (Right Judgment) helps us to judge how to act in a given situation with an almost supernatural intuition. With this gift, the Holy Spirit speaks to the heart and guides us what to do so that we can speak and act correctly, discerning God’s will from our will, especially when faced with trouble or difficulties.

Fortitude (Courage or Strength) helps us to face difficult situations and to overcome our fears in order to do what is right. Fortitude isn’t reckless or rash, but rather is always reasoned and reasonable as we don’t seek danger for danger’s sake. It is the gift of the martyrs who are willing to give their lives rather than renounce their faith. It helps us to cope with our struggles, resist temptation and enables us to rise beyond the minimum requirements of our faith.

Knowledge allows us to see earthly realities and the circumstances of our lives in their relation to God and to eternal life. Through the exercise of knowledge, we can discern how to use material things in a way that will lead us to a deeper union with God as well as understand God's purpose for our lives and why He places us in our particular circumstances.

Piety (Reverence) takes us beyond a sense of duty in fulfilling the expectations of our Catholic faith in worshiping God and serving Him and neighbor, so that we desire to do these things out of love for God. It is an instinctive affection for God that moves beyond mere obligation to a desire to express our love for God by doing what is pleasing to Him.

Fear of the Lord (Wonder and Awe) is not a matter of being frightened of God for fear of punishment; rather, it is a sense of amazement at God’s utter holiness, beauty, goodness, justice and mercy. Saint Thomas Aquinas explains this gift as a fear of losing a relationship with the One we love and who loves us.

By calling upon these Gifts of the Spirit each day, we invite the Lord into every aspect of our lives to help us fully live our Catholic faith, even in the face of the challenges we face in these days. As we move toward the great feast of Pentecost on May 31, let us invoke the Holy Spirit and ask for a greater outpouring of His Gifts upon us, our nation and our world.

 

Invocando a los regalos del Espíritu en tiempos de desafíos,

Obispo Joseph M. Siegel

El Rincón del Obispo

Mientras nuestras parroquias preparan a su gente y sus iglesias para la reanudación de las Misas publicas, yo quiero aprovechar estar oportunidad para expresar mi admiración por su perseverancia y fe durante los pasados meses. Tanto ha sido escrito acerca del impacto del coronavirus a muchos niveles y en cada aspecto de la vida que no necesito examinar esto ahora. Sin embargo, en medio de estas circunstancias onerosas y sin precedentes, estoy agradecido de que tantos hayan elegido permanecer esperanzados, volcando sus energías en su relación con el Señor, sus familias y el servicio a los demás.

En el tumulto de las semanas pasadas, me he encontrado invocando al Espíritu Santo y pidiendo por una mayor proporción de sus siete dones para ayudarme a atravesar con éxito estos días inciertos. Como ya sabemos, estos Dones son: la Sabiduría, el Entendimiento, el Consejo, la Fortaleza, la Ciencia, la Piedad, y el Temor de Dios.  A pesar de poseer estas cualidades o virtudes a nivel natural, la gracia de Dios dada a nosotros en los sacramentos, especialmente en la Confirmación, las eleva a un nivel más alto para mirar la vida desde un punto de vista supernatural.

El don de la Sabiduría nos ayuda a ver el mundo como lo ve Dios y a interpretar la vida como Él lo hace; no como una serie de eventos insignificantes, sino con un propósito eterno. Al conocer el orden adecuado de los mundos materiales y espirituales a través de la Sabiduría, podemos más fácilmente darle sentido a los retos y perplejidades de esta vida.

El Entendimiento nos permite captar, al menos de forma limitada, el significado esencial de las verdades de la fe católica que se mueve más allá de simplemente consentir con lo que Dios nos ha revelado. El Entendimiento se levanta por encima de la razón natural a medida que nos eleva más allá de las cosas que vemos en este mundo hacia nuestra relación con Dios y nuestro papel en el mundo.

El Consejo (Buen Juicio) nos ayuda a juzgar cómo actuar en una situación determinada con una intuición casi supernatural. Con este don, el Espíritu Santo le habla al corazón y nos guía en lo que hacemos para que hablemos y actuemos correctamente, discerniendo entre la voluntad de Dios y la nuestra, especialmente cuando nos enfrentamos a problemas o dificultades.

La Fortaleza (el Coraje o la Fuerza) nos ayuda a enfrentar situaciones difíciles y a superar nuestros miedos para hacer lo correcto. La Fortaleza no es imprudente o precipitada, sino que es siempre razonada y razonable ya que no buscamos el peligro por el peligro mismo. Es el don de los mártires quienes están dispuestos a dar sus vidas antes que renunciar a su fe. Nos ayuda a sobrellevar nuestras luchas, a resistir las tentaciones y nos permite elevarnos más allá de los requisitos mínimos de nuestra fe.

La Ciencia nos permite ver las realidades terrenas y las circunstancias de nuestras vidas en su relación con Dios y la vida eterna. A través del ejercicio de la ciencia, podemos discernir cómo usar las cosas materiales de una forma que nos conduzcan a una relación más profunda con Dios, así como también entender el propósito de Dios en nuestras vidas y por qué Él nos sitúa en nuestras circunstancias particulares.

La Piedad (la Reverencia) nos lleva más allá de un sentido del deber para cumplir con las expectativas de nuestra fe católica de alabar a Dios y servirlo a Él y al prójimo, para que deseemos hacer estas cosas por amor a Dios. Es un afecto instintivo por Dios que se mueve más allá de una mera obligación para ser un deseo de expresar nuestro amor por Dios haciendo lo que le complazca a Él.

El temor de Dios (Asombro y Admiración) no es una cuestión de estar asustado de Dios por miedo a ser castigado; sino que es una sensación de asombro hacia la absoluta santidad, belleza, bondad, justicia y misericordia de Dios. Santo Tomás de Aquino explica este don como un miedo de perder una relación con el Uno que amamos y que nos ama.

Al hacer un llamamiento por estos Dones del Espíritu cada día, invitamos al Señor a todos los aspectos de nuestras vidas para que nos ayude a vivir plenamente nuestra fe católica, incluso frente a los retos que enfrentamos en estos días. A medida que avanzamos hacia la gran fiesta de Pentecostés el 31 de mayo, invoquemos al Espíritu Santo y pidamos por una efusión mayor de Sus Dones para nosotros, nuestra nación y nuestro mundo.

– Translated by Dr. Daniela Abraham, St. Meinrad Seminary and School of Theology