¿Estás preparado para la venida de Cristo?

Por el Obispo Joseph M. Siegel

El Rincón del Obispo

Cada uno de nosotros tiene su propia manera de prepararse para eventos venideros. Para una entrevista de trabajo, podríamos buscar en internet ayuda sobre cómo elaborar un currículum y practicar técnicas de entrevista con algún amigo. Una gran celebración familiar requiere ir de compras y tal vez terminar algunos proyectos en casa. Sabemos que los atletas se preparan para la gran competición comiendo ciertos alimentos, dedicando tiempo a concentrarse mentalmente y quizás usando un par de calcetines de la suerte. Lo importante es saber para qué nos estamos preparando, de modo que podamos definir nuestra estrategia para estar listos.

El Adviento es un tiempo de preparación, pero ¿para qué nos preparamos? Nuestra respuesta determinará el tipo de preparación que desarrolemos. Si pensamos en la Navidad como una serie de fechas festivas en el calendario, nos prepararemos de cierta manera: reservando fiestas, haciendo listas de cosas que hacer y comprar, yendo de compras, decorando, horneando, etc. Estas cosas no están mal en sí mismas, pero el Adviento nos ofrece mucho más.

Juan el Bautista es nuestro guía en el Adviento y su proclamación, “Preparad el camino del Señor” nos da el enfoque para nuestra preparación. El Adviento es el tiempo en que debemos prepararnos para la venida de Cristo en la historia, en el misterio y en la gloria. A través de los profetas del Antiguo Testamento, compartimos la antigua expectativa del Mesías por Su primera venida a Belén hace 2.000 años. También debemos renovar en nuestras vidas una sed, un deseo ardiente por Cristo, al venir Él a nosotros aquí y ahora en la Eucaristía y los demás sacramentos, en las Escrituras, en nuestras oraciones, así como en las personas que el Señor pone en nuestras vidas. El Adviento también nos recuerda que debemos prepararnos para el día en que lo veremos a Él cara a cara, ya sea al final de nuestra vida terrenal o en Su segunda venida gloriosa al final de los tiempos.

El mensaje de Juan el Bautista transmite este espíritu de expectación. Les dice a todos los que quieran escuchar, tanto entonces como ahora, que se preparen porque algo grandioso está a punto de suceder entre ellos. El Señor viene a nosotros, y nosotros le preparamos Su camino mediante el arrepentimiento y la conversión. La gente de la época de Juan sabía en lo más profundo de su ser que él decía la verdad — que Dios estaba a punto de actuar en nombre de ellos. Tenían que prepararse. Querían estar preparados, así que acudieron al Jordán para un bautismo de arrepentimiento.

¿Y nosotros? También nosotros estaremos haciendo muchos preparativos durante las próximas semanas. El reto que se nos presenta es tener muy claro para qué nos estamos preparando. Si durante el Adviento vamos de compras más de lo que rezamos, decoramos más de lo que reflexionamos, entonces ¿para qué o para quién nos estamos preparando realmente?

No subestimemos la importancia de las palabras de Juan para nosotros. Cristo viene y necesitamos prepararnos allanando el camino de nuestro egoísmo, prejuicios y falta de perdón, llenando los valles de la apatía, la complacencia y la incredulidad, y enderezando los desvíos de los hábitos y estilos de vida pecaminosos. Si bien todos los preparativos externos pueden ser buenos y útiles, no podemos descuidar la preparación de nuestros corazones —adentrándonos en la soledad y el silencio de nuestros corazones con Juan— para preparar el camino a Cristo.

Esto puede significar levantarse un poco más temprano para tener un tiempo de reflexión tranquila con las Escrituras o el rosario, asistir a la Misa diaria de Adviento o tomarse el tiempo de visitar una capilla de adoración para orar por un rato. Podemos enderezar los caminos pecaminosos de nuestra vida celebrando el Sacramento de la Reconciliación. Con corazones generosos, podemos ayudar a quienes son menos afortunados que nosotros. Quizás, en el espíritu de Juan el Bautista, el Adviento sea la oportunidad de invitar a un familiar o amigo a ir contigo a la Misa, de invitarlo a considerar regresar o unirse a la Iglesia.

Dios hará algo maravilloso por nosotros esta Navidad, pero solo si hacemos un esfuerzo consciente y deliberado en las próximas semanas para preparar no solo la casa y el árbol, sino especialmente el camino que conduce a nuestros corazones y a nuestras vidas.

— Translated by Dr. Daniela Abraham, St. Meinrad Seminary and School of Theology