Our persecuted brothers and sisters – Nuestros hermanos y hermanas perseguidos

Bishop Joseph M. Siegel

The Bishop's Corner

Our persecuted brothers and sisters 

Editor’s note: The Spanish translation of this feature appears below the English version.

During the Easter season, we read at Mass from the Acts of the Apostles. Even as we hear of the struggles and violent opposition faced by the first Christians, we are reminded in the news almost daily that many members of the Church are still enduring the long Good Friday of religious persecution.

Currently, some of the most violent attacks are perpetrated in Nigeria by insurgent Islamic extremists, so much so that it is being described as an anti-Christian genocide. On Jan. 19 of this year, 11 people, mostly Catholics, were killed when extremists attacked a village. Last June, 50 parishioners were massacred in a Catholic Church at Sunday Mass. Their only crime was being Christian.

In Nicaragua, public religious observance has been practically outlawed; clergy and religious exiled; one bishop unjustly imprisoned and Church property confiscated. Christians continue to endure suffering in these and other countries like North Korea, Somalia, Iran, India, China and Sudan.

The 2022 report on religious persecution prepared by Puertas Abiertas (Open Doors), a Christian NGO (www.puertasabiertas.org) finds that 5,621 Christians were killed and 4,542 were arrested because of their faith last year. During that same time, 2,110 Christian Churches were attacked. Of the 195 countries in the world, Christians in 76 of them face high-to-extreme persecution and discrimination, the worst of which are linked to extremist Islamic terrorists or Communist regimes. Even in some Western countries, religious freedom is in decline. This can be attributed to conflict over the role of religion in public life, including a clash over moral and ethical issues between religions and secular society and governments. Also, some Western governments are limiting religious freedom over fears of “extremism.” Even in our own country, recent leaked FBI memos noted an intention to spy on and even infiltrate “traditional” Catholic communities. As well, numerous Catholic churches and Christian crisis pregnancy centers have been and continue to be attacked and vandalized since the Dobbs Supreme Court decision.

While Muslims also face persecution, either from other Muslims or from authoritarian regimes, Christians are still the most persecuted religious minority. It is estimated that about 360 million of our fellow Christians are being silenced, punished and even killed – simply because of their commitment to Christ and the Church. Why are Christians persecuted? In some cases, it is simply due to anti-Christian prejudice or extremist interpretation of religious teachings. At other times, it is more subtle. Christians are on the front lines in protecting human life and dignity, the rights of the poor and underprivileged, and opposing authoritarian regimes that violate human rights, and so, the Church is exposed to the attacks of those who oppose the Christian message.

St. Paul reminds us, “If one part of the body suffers, all the parts of the body suffer with it” (I Cor. 12:26). So what can we do to assist our fellow Christians who are suffering persecution? First we need to be well-informed about the extent of the problem. Often, the media will report only the most glaring attacks, but ignore those suffering religious discrimination on a regular basis. Reports from Puertas Abiertas, Aid to the Church in Need (www.churchinneed.org) and similar organizations are sources for statistics about religious persecution.

Once we are educated about this issue, there are many ways to respond in an active way. We can write our members of Congress to express our concerns and urge them to take actions to protect those facing persecution and challenge those governments that perpetrate or allow these attacks. On the parish and school level, we can work to make the issue better known. Above all, we must remember our persecuted brothers and sisters in our prayers, interceding for them that they might be protected from harm; seeking the conversion of heart for those who oppress them; and asking the Lord to instill a spirit of courage in all of us to do our part to help those in peril because of their faith.

When Christians were facing persecution from the Roman Empire, the early Christian writer Tertullian wrote, “The blood of martyrs is the seed of the Church.” While the example of those who sacrifice their lives for their faith in the Risen Christ continues to inspire believer and unbeliever alike, let us pray and work for the day when no one will be forced to make that sacrifice.

 

Nuestros hermanos y hermanas perseguidos

Durante la temporada de Pascua, leemos en la Misa de los Hechos de lo Apóstoles. Aun cuando escuchamos sobre la violenta oposición que enfrentaron los primeros cristianos, se nos recuerda en las noticias casi a diario que muchos miembros de la Iglesia todavía están padeciendo el largo Viernes Santo de persecución religiosa.

Actualmente, algunos de los ataques más violentos son perpetrados en Nigeria por extremistas insurgentes islámicos, tanto así que está siendo descripto como un genocidio anticristiano. El 19 de enero de este año, 11 personas, en su mayoría católicos, fueron asesinados cuando extremistas atacaron una villa. En el pasado junio, 50 feligreses fueron masacrados en una Iglesia Católica en la Misa del domingo. Sus únicos crímenes fueron ser cristianos.

En Nicaragua, la observación religiosa pública ha sido prácticamente prohibida; el clero y los religiosos fueron exiliados; un obispo fue injustamente encarcelado y la propiedad de la Iglesia confiscada. Los cristianos continúan padeciendo sufrimientos en estos y otros países como Corea del Norte, Somalia, Irán, India, China y Sudán.

El reporte de persecución religiosa de 2022 preparado por Puertas Abiertas, una NGO cristiana (www.puertasabiertas.org) encontró que 5.621 cristianos fueron asesinados y 4.542 fueron arrestados a causa de su fe el año pasado. Durante el mismo año, 2.110 Iglesias Cristianas fueron atacadas. De los 195 países del mundo, en 76 de ellos los cristianos enfrentan persecuciones altas y extremas y discriminación, la peor de las cuales ha sido conectada a terroristas islámicos o regímenes comunistas. Hasta en algunos países occidentales, la libertad religiosa está en declive. Esto podría ser atribuido a conflictos sobre el papel de la religión en la vida pública, inclusive a un enfrentamiento sobre temas morales y éticos entre los gobiernos de la sociedad religiosa y secular. Además, algunos gobiernos occidentales están limitando la libertad religiosa alegando temor al “extremismo.” Incluso en nuestro país, en memos recientes circulados por el FBI se ha notado una intención de espiar y hasta de infiltrar a comunidades católicas “tradicionales.” También, numerosas Iglesias católicas y centros de crisis de embarazo cristianos han sido y continúan siendo atacados y vandalizados desde la decisión Dobbs de la Corte Suprema.

A pesar de que los musulmanes también son perseguidos, ya sea por otros musulmanes o por regímenes autoritarios, los cristianos todavía son la minoría más perseguida. Se estima que cerca de 360 millones de nuestros hermanos cristianos están siendo silenciados, castigados y hasta asesinados – simplemente por su compromiso con Cristo y la Iglesia. ¿Por qué son perseguidos los cristianos? En algunos casos, es simplemente por prejuicio anticristiano o por interpretaciones extremistas de las enseñanzas religiosas. Otras veces, es más sutil. Los cristianos están en la primera línea de protección a la vida y la dignidad humana, los derechos de los pobres y desamparados, y en oposición a regímenes autoritarios que violan los derechos humanos, y entonces, la Iglesia está expuesta a los ataques de aquellos que se oponen al mensaje cristiano.

San Pablo nos recuerda, “Cuando una parte del cuerpo sufre, también sufren todas las demás” (1 Corintios 12:26). Entonces, ¿qué podemos hacer para ayudar a nuestros hermanos cristianos que están sufriendo persecuciones? Primero tenemos que estar bien informados acerca de la magnitud del problema. A menudo, los medios reportan solo los ataques más notorios, pero ignoran a aquellos que sufren discriminación religiosa de forma regular. Reportes de Puertas Abiertas, Ayuda a la Iglesia Necesitada (https://www.ayudaalaiglesianecesitada.org) y organizaciones similares son fuentes de estadísticas sobre persecución religiosa.

Al educarnos sobre esta cuestión, encontraremos que hay muchas formas de responder de forma activa. Podemos escribirles a nuestros miembros del Congreso para expresar nuestra preocupación y urgirles que tomen acción para proteger a aquellos que enfrentan persecución y desafiar a los gobiernos que perpetúan o permiten estos ataques. Al nivel de la parroquia o escuela, podemos trabajar para que la cuestión se conozca mejor. Sobre todo, debemos recordar a nuestros hermanos y hermanas perseguidos en nuestras oraciones, intercediendo por ellos para que sean protegidos de todo daño, pidiendo la conversión del corazón de aquellos que los oprimen; y pidiéndole al Señor que infunda un espíritu de valentía en todos nosotros para que hagamos nuestra parte para ayudar a los que están en peligro por su fe.

Cuando los cristianos estaban enfrentando las persecuciones del Imperio Romano, el escritor cristiano antiguo Tertuliano escribió, “La sangre de los mártires es la semilla de la Iglesia.” Si bien el ejemplo de aquellos que sacrifican sus vidas por la fe en el Señor Resucitado continúa inspirando tanto a creyentes como a incrédulos, oremos y trabajemos para el día en que nadie sea forzado a hacer ese sacrificio.